Lo que ellas admiran de tí (II)

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Te invito a releer la primera parte de esta propuesta así seguimos compartiendo más ideas y comentarios.

Ese antiguo anhelo de la mayoría de los hombres, acerca de ser o convertirse en “uno de los más deseados” no es algo que se logra con una varita mágica. Me atrevo a desilusionarte rápidamente diciéndote que conllevará un interesante proceso de cambios interiores y quizá exteriores.

Nadie puede sostener actuaciones o meras apariencias durante largo período. ¿Qué quiero decir con esto? Básicamente que es muy probable que convertirte en esa “mejor persona” que las mujeres adoramos, podrá implicarte -quizá - ciertos renunciamientos que pordían ser difíciles de llevar a la práctica.

Deverás cultivar, para empezar, ese proceso de olvidarte de ser el centro y ombligo del mundo al que la mayoría de las madres han acostumbrado a sus hijos varones. “No more” rabietas, ni berrinches ni caras largas para llamar la atención. Llegó el momento de admitir con humildad que también puedes aprender de otros y otras, que puedes equivocarte, que no por ser el súper hombre tienes que ser perfecto, que no es de “mariquitas” pedir perdón.

Si es necesario corregir a otras personas, lo harás con respeto y nunca desde un pedestal que te haga sentir ni parecer más importante. Un hombre de verdad no hace cosas para requerir aprobación ni ganar atención; un hombre de verdad sabe que no hay dos formas de hacer las cosas, sino una sola: hacerlas bien.

Si consigues modelar los patrones egocéntricos de conducta que no son otra cosa que un derroche de tetosterona… no dudes que estás en el buen camino para construir en tí, ese tipo de hombres que las mujeres adoran.




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